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Reflexiones de un docente

Los adultos siempre tendemos a desesperarnos con las generaciones jóvenes: Anda que iba a hacer eso yo…Igualito que en mis tiempos…

Hace un par de semanas, de excursión por Madrid, entre edificio y edificio, los chicos comentaban sobre la indigencia y lo injusto que era, a lo que respondí: ¿Y qué podrías hacer tú? Tras la comida, ni cortos ni perezosos, pidieron permiso a los responsables para poder ir compartiendo los bocadillos que no habían comido y darlos a las personas indigentes.

Estamos ante una generación espléndida. Con una adaptación al cambio extraordinaria, con una preocupación por cuidar la creación que nunca antes había visto y con unos valores humanos envidiables.

Gracias padres, por educar niños con un corazón tan grande, contáis con nuestra entrega por un futuro mejor.